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Sebastián Casabé, autor del blog Cazavinos.

¿Por qué te decidiste a iniciar el blog?
Por las ganas de expresarme y poder volcar, en un espacio propio, aquellas cosas que transformaban mi cotidianeidad en algo mejor. No fue sencillo ya que debía de despojarme de ciertas inseguridades relativas a la mirada ajena. Pienso que escribir sobre algo que a uno le apasiona o realizar cualquier otra actividad comunicativa, es un buen ejercicio para romper esa barrera mental que todos tenemos.

¿Cuál es el propósito del blog?
Que quien me lea entienda que para poder disfrutar de un buen vino no hace falta ser un conocedor. Del mismo modo que uno puede emocionarse al ver una película sin saber absolutamente nada sobre cine, compartir una copa de vino, también puede conmover. Para mí fue una experiencia transformadora servirme una copa de vino y tratar de descubrir sus aromas y sabores.

¿Alguna experiencia o anécdota destacable como blogger?
Logré, luego de tres años de escritura, pertenecer a un grupo de comunicadores del vino que persiguen un objetivo similar al mío: comunicar al vino libre de prejuicios. Por otro lado, lo que más destaco de la experiencia de escribir, es esa sensación de sentir que pusiste algo tuyo y tal vez lograste generar interés en alguien que se encuentra en otra parte del mundo.

¿Qué esperas del blog en el futuro?
Que se consolide como una fuente de consulta para todo aquel que ama el vino y no sabe por dónde empezar a conocerlo.

¿Cómo es la persona que hay detrás de este blog?
Con valores y honesto. Creo ser un buen amigo e hijo. Amo la música y los pequeños placeres diarios. No necesito mucho para ser feliz. Mientras pueda compartir lo que me hace bien, suficiente para mí.

¿Qué dirías a los bloggers que empiezan?
Que sean constantes. Aunque aparezcan momentos de frustración y piensen que pocos van a leer lo que están por publicar, nunca se sabe quién puede estar leyendo nuestro trabajo. Me llevé lindas sorpresas. Por otro lado, traten de no estar expectantes del comentario y la felicitación ajena. No es sencillo. A mí todavía me cuesta. Pero es bueno saber que tal vez le hicimos pasar un buen momento a alguien que nunca lo expresó.

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